24.1.09
8.7.08
Tecnología, sintaxis e internet
Las tecnodependencias son más antiguas que el origen de nuestra propia especie, hace más de dos millones de años los primates superiores ya habían comenzado una manipulación del entorno que no tendría marcha atrás, las posibilidades de sobreviviencia se engranarían con las habilidades para usar adecuadamente todo el instrumental implicado en la cacería, la preparación de alimentos, la defensa ante las adversidades climáticas… Las tecnologías nos anteceden, nacimos como homo sapiens dados a luz por el homo faber, y no es tan distinto hoy en día, sólo se ha complejizado el proceso. Actualmente es, literalmente, impensable la sobrevivencia humana si la tecnología desarrollada colapsara; esto es especialmente grave en el caso de las comunicaciones, una serie de cambios e innovaciones se han suscitado de manera espectacular en los últimos años, las nuevas TIC están siendo incorporadas cada día por un número mayor de usuarios (“persona”, término conmutable por “usuario”) quienes, a su vez, modifican sus hábitos cotidianos que, a su vez, constituyen su existencia realísima (cf. Berger – Luckmann: la realidad por excelencia es la cotidianidad). Pero lejos de escandalizarnos por tal escenario (por qué habrían de moralizarse las tecnologías comunicacionales?!) confirmamos que el “hombre” es inseparable de su “realidad”, que ésta es el resultado de una serie de intercambios “semánticos” (contingentes todos ellos) generados por los movimientos de interrelación entre “personas”, que por su parte, hoy en día, son impensables sin los medios.
Debemos recordar que los medios no son simples “medios”, lejos de eso, los “medios” son principios y fines, o parafraseando a Macluhan: los medios son el contenido. Extendamos la tesis, siendo los contenidos estructuralmente inseparables (si acaso distinguibles) de los medios, y tomando a éstos como lugares privilegiados donde se amalgaman los significados compartidos con los que representamos la realidad, de esto resulta que el contenido no denota sino connota, es decir, no hay realmente “contenido” sino sintaxis.
Internet es una clara muestra de este fenómeno, no sólo resulta obvio que nuestra cultura es tecnodependiente en lo que a Internet atañe (la así llamada “cultura global” es impensable sin Internet) sino también que la realidad que compartimos posee una naturaleza sintáctica. Internet está en la cima evolutiva de los medios de comunicación, los integra y simultáneamente los transforma, crea nuevas formas para viejos vicios, condiciona decisiones financieras o administrativas, genera un banco de información tan vasto como nunca antes en la historia hubo alguno semejante, permite intercambiar de manera masiva materiales que van desde los inocuos hasta los anómicos… cualquiera sea la actividad humana la imaginación digital no ha dejado pasar ni una sola oportunidad para imponer nuevas mediaciones. Y por si fuera poco, la Internet funciona de manera descentralizada y no jerárquica, lo cual ha sido reportado como la concreción del único medio democrático existente (lo cual, para aclarar, sólo puede predicarse de cierto porcentaje de la llamada Web 2.0). Internet es la “pantalla total” (cf. Baudrillard), el nuevo topos de la imaginación ontológica que da vida a los nodos sintácticos que nos permiten vivir en la realidad, nodos que somos nosotros mismos, conscientes de nuestra contingencia y ubicuidad, nodos reales sólo en la medida que la sintaxis es real, es decir, virtuales. Ahora somos más conscientes de que, como decía Ibn Arabi, la imaginación precede a la realidad, de que nuestra identidad es la cosificación, y anquilosamiento, de un nodo sintáctico que siempre tendrá que cargar con la nostalgia de una semántica que lo ampare, de algo que a fin de cuentas no sea virtual sino “realmente real” (sic).
2.7.08
13.6.08
Solipsismo, percepción y partículas
Most of us would agree that there exists a world outside our minds. At the classical level of our perceptions, this belief is almost certainly correct. If your couch is blue, you will observe it as such whether drunk, in high spirits, or depressed; the color is surely independent of the majority of your mental states. If you discovered your couch were suddenly red, you could be sure there was a cause. The classical world is real, and not only in your head. Solipsism hasn't really been a viable philosophical doctrine for decades, if not centuries.
But none of us perceives the world as it exists fundamentally. We do not observe the tiniest bits of matter, nor the forces that move them, individually through our senses. We evolved to experience the world in bulk, our faculties registering the net effect of trillions upon trillions of particles or atoms moving in concert. We are crude measurers. So divorced are we from the activity beneath our experience that physicists became relatively assured of the existence of atoms only about a century ago.
17.5.08
Ecce Homo, Ecce Signo
El primer escenario es producto de la incapacidad sistemática de las clases intelectuales que se relacionaron por vez primera en la historia con los medios sociales de comunicación y con su acelerado posicionamiento en la cultura popular. Ejemplo claro de este escenario es la Escuela de Frankfurt, para quienes los medios eran sinónimo de enajenación, falsa conciencia, asfixia cultural, aislamiento individualista y anticomunitarismo, manipulación de la información, veleidad del espacio discursivo. En este escenario una de las corrientes caracterizaciones es la "masificación" y "homogeneización" vehiculizada por los medios, la mitologización mediática de "la masa" que se expone a la idiotización y al condicionamiento indiferenciado de las arquetípicas figuraciones que cristalizan en los medios. Sin embargo, siguiendo a Lipovetsky, las cosas parecen ser más complejas de lo que este maniqueísmo ofrece, por ejemplo, los medios también han respondido a condicionamientos diferenciados y diferenciadores, al grado tal que pueden ser vistos, lejos de homogeneizadores, como disolventes de caracteres unidireccionales, por lo menos así sucede con la relación entre medios y tradiciones morales dominantes, los medios parecen "promover una cultura relacional, al celeberar el amor al cuerpo, los placeres y la felicidad privada", así ayudan a deslindar a las nuevas subjetividades de las "estanquidades de clase, de las morales rigoristas y de las grandes ideologías políticas". Se trata de los medios, y sus tecnologías aparejadas, como aliados de la "segunda revolución individualista", los viejos espacios de socialización (escuela, iglesia, café, salas de concierto...) pasan a un segundo plano frente a la comodidad y privacidad del IPod, los equipos HiFi, la televisión privada (ofrecida en paquetes a medida del consumidor) y todas las pantallas con que entra en relación un usuario de gustos personalísimos. En todo caso se podría hablar de una homogeneización de la diferenciación, de la particularización que han posibilitado las nuevas TIC. Es, ciertamente, la crisis de un modelo de cultura (la de la reunión comunitaria alrededor del sabio narrador de saberes orales, también de la cultura impresa), pero no se trata de una "devastación espiritual" ni de orfandad cultural. Es la emergencia de una cultura "zapeadora", fragmentada, con conciencia de relatividad, menos esquizoide, que incluso niega ese mítico "poder absoluto" a los propios medios, se tata de una cultura conformada por actitudes críticas, incluso hipercríticas, acostumbradas a la parcelización de la realidad ofrecida por los medios. Lipovetski habla de la cultura mediática como "cultuira mosaico", discontinua, sin memoria (o, como diría otro pensador, una "cultura-RAM"), misma que posibilita una adherencia a la jerga usual de las sociedades liberales, en la que importan más las garantías de los individuos que el establecimiento de contenidos fijos, es el triunfo de la forma pura (de la democracia), la cultura mediática es también una cultura posdemocrática, sapiente de la mayor importancia popular que tiene un partido de futbol que un documental o un debate político. Pero ¿qué hacer con este reporte? Estamos frente a un tercer escenario, en extremo complejo, presumiblemente carente de contenidos (de referentes, de versiones únicas o definitivas), los MSC han dejado de ser el teatro del Diablo pero tampoco son la voz de Dios, son la simple muestra de inercias que siempre nos han acompañado, que nos constituyen, son le exhibición, muchas veces grotesca, de nuestra "naturaleza" sintáctica. Ecce Homo, Ecce Signo, los contenidos no importan ¿o sí?
Notas a propósito de algunas ideas expuestas por Gilles Lipovetsky en su Metamorfosis de la cultura liberal (Anagrama, Madrid, 2003).
12.4.08
Retóricas de la realidad
La realidad, como producto social, es la realidad en la que el sistema de objetos se mueve al ritmo de una sintaxis formal sin significantes. La pérdida de referencia ontológica es tan usual que nos hemos acostumbrado, pasamos de la seducción al desengaño, de éste al enojo y terminamos en la nostalgia. Hay una melancolía profunda en los cimientos de nuestra generación, tristeza expresiva cuyas formas, paradójicas, son los bellos rostros, las buena ropa, la moda, las risas de programa “familiar” matutino. Alguien podría preguntar ¿qué hay de “real” en una persona así? Pero ¿y qué hay de “real” en una persona que no es así?... No hay patrón ontológico, y los debates éticos y políticos se debilitan en el trance mismo de convencernos de ir tras ellos.
No hay que extrañar al “verdadero hombre”, ni a la “realidad real”, incluso términos “posmodernos” como el de “simulación” o “simulacro” son inapropiados porque dan la sensación de que aún tenemos conciencia de que hay una realidad que se nos escapa, un misterio nouménico que se agranda al ritmo de la aceleración de la información fenoménica.
Hemos llegado al punto en el que, al parecer, nos quedan dos grandes derroteros: a) reconstruir, como sea, como se pueda, al costo civilizatorio necesario, la Referencia de nuestras acciones, emociones, pensamientos…; b) Aceptar la “vacuidad” de las “representaciones” (vacuidad ahora tomada como intrínseca a la realidad misma)
[esta historia continuará...]
13.3.08
Cultura, símbolos y acontecimientos
- La realidad es un producto social
- Los productos sociales sufren ordenaciones simbólicas
- La realidad es simbólica
- No hay realidad, para los seres humanos, que no sea el producto de una mediación
- Las mediaciones son escenarios semánticos
- Los MSC acaecen en el ámbito de la mediación
- Los MSC son nódulos ontológicos constitutivos de la realidad
- Radicalización de la tesis: Los MSC son matrices ontológicas determinantes de la realidad
- Si esto es cierto, los MSC tienen el poder de generar-simular la realidad
- Poseemos una nueva ontología, la del simulacro
- Problemas: ¿hay producción simbólica en el simulacro? ¿Mueren los símbolos en la muerte de los acontencimientos?
