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13.6.08

Solipsismo, percepción y partículas

Most of us would agree that there exists a world outside our minds. At the classical level of our perceptions, this belief is almost certainly correct. If your couch is blue, you will observe it as such whether drunk, in high spirits, or depressed; the color is surely independent of the majority of your mental states. If you discovered your couch were suddenly red, you could be sure there was a cause. The classical world is real, and not only in your head. Solipsism hasn't really been a viable philosophical doctrine for decades, if not centuries.

But none of us perceives the world as it exists fundamentally. We do not observe the tiniest bits of matter, nor the forces that move them, individually through our senses. We evolved to experience the world in bulk, our faculties registering the net effect of trillions upon trillions of particles or atoms moving in concert. We are crude measurers. So divorced are we from the activity beneath our experience that physicists became relatively assured of the existence of atoms only about a century ago.

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17.5.08

Ecce Homo, Ecce Signo

Pongo tres escenarios: a) La estigmatización de los medios por parte de los intelectuales, casi al mismo tiempo de la temprana conformación de aquellos; b) La lenta emergencia de una valoración autónoma de los medios; c) la problematización contemporánea.
El primer escenario es producto de la incapacidad sistemática de las clases intelectuales que se relacionaron por vez primera en la historia con los medios sociales de comunicación y con su acelerado posicionamiento en la cultura popular. Ejemplo claro de este escenario es la Escuela de Frankfurt, para quienes los medios eran sinónimo de enajenación, falsa conciencia, asfixia cultural, aislamiento individualista y anticomunitarismo, manipulación de la información, veleidad del espacio discursivo. En este escenario una de las corrientes caracterizaciones es la "masificación" y "homogeneización" vehiculizada por los medios, la mitologización mediática de "la masa" que se expone a la idiotización y al condicionamiento indiferenciado de las arquetípicas figuraciones que cristalizan en los medios. Sin embargo, siguiendo a Lipovetsky, las cosas parecen ser más complejas de lo que este maniqueísmo ofrece, por ejemplo, los medios también han respondido a condicionamientos diferenciados y diferenciadores, al grado tal que pueden ser vistos, lejos de homogeneizadores, como disolventes de caracteres unidireccionales, por lo menos así sucede con la relación entre medios y tradiciones morales dominantes, los medios parecen "promover una cultura relacional, al celeberar el amor al cuerpo, los placeres y la felicidad privada", así ayudan a deslindar a las nuevas subjetividades de las "estanquidades de clase, de las morales rigoristas y de las grandes ideologías políticas". Se trata de los medios, y sus tecnologías aparejadas, como aliados de la "segunda revolución individualista", los viejos espacios de socialización (escuela, iglesia, café, salas de concierto...) pasan a un segundo plano frente a la comodidad y privacidad del IPod, los equipos HiFi, la televisión privada (ofrecida en paquetes a medida del consumidor) y todas las pantallas con que entra en relación un usuario de gustos personalísimos. En todo caso se podría hablar de una homogeneización de la diferenciación, de la particularización que han posibilitado las nuevas TIC. Es, ciertamente, la crisis de un modelo de cultura (la de la reunión comunitaria alrededor del sabio narrador de saberes orales, también de la cultura impresa), pero no se trata de una "devastación espiritual" ni de orfandad cultural. Es la emergencia de una cultura "zapeadora", fragmentada, con conciencia de relatividad, menos esquizoide, que incluso niega ese mítico "poder absoluto" a los propios medios, se tata de una cultura conformada por actitudes críticas, incluso hipercríticas, acostumbradas a la parcelización de la realidad ofrecida por los medios. Lipovetski habla de la cultura mediática como "cultuira mosaico", discontinua, sin memoria (o, como diría otro pensador, una "cultura-RAM"), misma que posibilita una adherencia a la jerga usual de las sociedades liberales, en la que importan más las garantías de los individuos que el establecimiento de contenidos fijos, es el triunfo de la forma pura (de la democracia), la cultura mediática es también una cultura posdemocrática, sapiente de la mayor importancia popular que tiene un partido de futbol que un documental o un debate político. Pero ¿qué hacer con este reporte? Estamos frente a un tercer escenario, en extremo complejo, presumiblemente carente de contenidos (de referentes, de versiones únicas o definitivas), los MSC han dejado de ser el teatro del Diablo pero tampoco son la voz de Dios, son la simple muestra de inercias que siempre nos han acompañado, que nos constituyen, son le exhibición, muchas veces grotesca, de nuestra "naturaleza" sintáctica. Ecce Homo, Ecce Signo, los contenidos no importan ¿o sí?

Notas a propósito de algunas ideas expuestas por Gilles Lipovetsky en su Metamorfosis de la cultura liberal (Anagrama, Madrid, 2003).

29.4.08

Comentario de Angeles a Retóricas de realidad

Iniciaré este comentario con un refrán muy conocido "Todo depende de los ojos con que se mira".
<> es un texto que me introduce en una reflexión profunda, ya que no se trata de hablar por hablar, sino más bien de repensar la realidad postmoderna que nos lleva a cuestionar todas las promesas del mundo moderno que creó grandes expectativas que llevaron al hombre y a la mujer a crear un munedo ideal, negando el pasado, parte importante del proceso evolutivo de la historia humana, dejando a un mundo joven sin referentes significativos, negando sus raíces culturales y dejándolo a la deriva.
En el texto se afirma: "La realidad es un producto social, es la realidad en la que el sistema de objetos se mueve al ritmo de una sintaxis formal sin significantes. La pérdida de referencia es tan usual que nos hemos acostumbrado, pasamos de la seducción al engaño, de éste al enojo y terminamos en la nostalgia". Si la realidad es un constructo social, yo pregunto ¿Qué es la realidad según los niños, los adolescentes, los jóvenes, los adultos jóvenes y los adultos mayores? porque para cada uno de estos sectores es una realidad diferente. Según mi punto de vista todo depende de la educación en que hemos sido formados, por ejemplo el ser educados en valores nos ayuda a jerarquizar los valores vitales, culturales, sociales, económicos, estéticos, éticos y religiosos y darle a cada cosa su lugar, sin derrumbarnos o dejarnos llevar por lo que se nos ofrece en cada momento de la vida. La vida se construye teniendo en cuenta un pasado un presente y un futuro lo que hace de alguna manera armoniosa la vida. La pérdida de referencia ontológica, no se pierde si aceptamos el "Ser" que dio origen a nuestro ser y aquí va implicado el referente significativo que sostiene al ser humano en su relación tridimensional: relación con uno mismo, con los demás y con el cosmos que se ha dado en el pasado en el presente y se dará en el futuro. Mil disculpas al autor del texto, pero en mi experiencia personal no encuentro pérdida de referencia ontológica, al contrario se reafirma cada vez más.Y en mi experiencia docente descubro múltiples experiencias de realidad del constructo social de mis alumnos que reflejan en parte la realidad social globalizadora. Es verdad que tenemos que enfrentar inifinidad de retos frente a la era tegnológica deshumanizadora, realidad inegable, y esto requiere una formación que mantenga fuerte, firme y de pie, adaptándote en cierta medida, pero sin traicionar tu fe. La educación integral es un lemento importante en la vida, ¿la estamos proporcionando como la requieren nuestros estudiantes? siendo la familia la primera escuela, los padres realmente educan de manera integral a sus hijos? ¿qué falta por hacer?...¡Descubramos las bondades y los riesgos de la postmodernidad, como personas abiertas a las sorpresas del siglo XXI....

12.4.08

El problema de lo real, primera aproximación según Kiria

La ordenación de lo real, como nos dicen Berger y Luckmann, es relativa al contexto histórico social, da una concepción del mundo y por tanto una forma de ser, de vivir.
Si la realidad depende de un observador, ésta se determina a través del esquema y contenido mental del individuo. Sin embargo, el esquema y contenido del observador, a su vez, están definidos o moldeados por lo que se ha constituido como “lo real”; de tal modo, esta relación es una mutua afectación.
Es decir, la vida –lo cotidiano­– es un esquema determinado de realidad delineado por el contexto social-cultural, tal contexto da la pauta de lo que es y cómo es, de esta manera el individuo (educado en este esquema) da forma y constituye su realidad sin que necesariamente de cuenta de los alcances de esta influencia.
Por otro lado, en el entorno mediatizado y por el ritmo vertiginoso en el que pulsa, las ordenaciones acerca de lo real comienzan a romper su molde tradicional: lo que acaece independiente del sujeto. Comienza a tambalearse el sedimento de lo real como lo concreto, lo tangible. Surge, entonces, un nuevo fantasma que comienza a atravesar la pared material de esta “realidad” y se filtra la confusión.
El problema estriba, por un lado, en que este mundo creado o construido se convierte en el “mundo verdadero” o de “certeza” para sus habitantes, se gesta ­y permanece, aparentemente, como un mundo cerrado, el de las fórmulas probadas y, por tanto, con poca posibilidad de refutación. El estilo de vida, los patrones de moda y de consumo son dictados por toda la información mediática clasificada que impacta a los individuos, que de modo sutil –mediante la saturación y el bombardeo de imágenes manipuladas– los lleva a la construcción inconsciente de un ideario de vida o, mejor dicho, consumidores de un ideal de vida, sin cuestionamiento.
El lugar que han ganado los medios como directriz del pensamiento –en donde los recursos mediáticos saturan y penetran al individuo, y generan nuevos elementos de domesticación– origina, por un lado, una especie de adormecimiento ante su despliegue y por otro, un movimiento de ruptura del monolito de lo real, pues al perderse ciertas líneas que delimitaban el símil de lo simulado, se confunde la representación de lo representado.
Ahora bien, para Durand, el medio cultural es una especificación de ciertos bosquejos del imaginario; el imaginario es movimiento, es creatividad, y la constancia de arquetipos marca la dirección de esta creación; es decir, da dirección de pensamiento y de su posible concreción e inserción en lo que se tiene como realidad. Las formas que tiene el imaginario dentro del individuo siempre son estructuras dicotómicas. Los símbolos se presentan en pares de opuestos que proveen un movimiento perenne.
Por otro lado, el imaginario también es dirigido por las pulsiones subjetivas y asimiladoras de lo real, o por lo que se puede llamar entorno material-social. Esta concepción abre la conciencia de una realidad como una posibilidad de concreción de las infinitas posibilidades del interno, del imaginario, y que se constituye en una fundamental relación entre el pensamiento y el contexto social donde se origina, es decir, tal relación es bidireccional. El contenido del pensamiento está íntimamente ceñido al contexto de realidad social en el que surge y a su vez éste también incide en el sedimento de lo que se tiene por real.
Ante las tesis anteriores, lo que intuyo es que lo que es, lo que se institucionaliza como conocimiento, es un asunto de estudio antropológico, tal como sostiene Durand. Y observo la fundamental necesidad de hacer consciente la participación de cada individuo en lo que se erige como realidad y de la reflexión de cómo incidimos en la realidad comunitaria, y por tanto, la importancia de analizar y escudriñar todo esquema de inserción de pensamientos y las propuestas de mundo que ofrecen.
En otro punto, observo también la posibilidad de ajustar, de innovar y modificar lo que tenemos entendido como existencia, una posibilidad en un abanico tan imaginablemente amplio como se comiencen a destruir las ideas de realidad concreta, con una condición independiente al sujeto, ineludible y definitiva; mientras que esta caída de lo “real” traiga, además, un sujeto que asuma la posición de creador de realidad y pierda sus esquemas densificados de verdad y falsedad, y gire hacia el movimiento creativo.

Retóricas de la realidad

Cuando Walter Benjamín publicó su ensayo La obra de arte en la era de la reproducción mecánica (1936) reinauguraba un añejo expediente: la compleja relación entre objetos originales y representaciones (artificiales). Al parecer la aceleración de los medios de reproducción mecánica de las mercancías en el capitalismo (ya tecnológico desde hacía bastante tiempo) implicaba la adecuación a un entorno objetual que homogenizaba el ámbito de la percepción y acción en un mundo en el que cada vez menos era útil la fidelidad a un patrón modelo único (notar por ejemplo el desplazamiento del patrón oro por el patrón capital financiero). En arte la multiplicación de reproducciones parecía llevar a su muerte, fenómeno que después parecía desmentido por el mercado fetichista de las casas de subasta que especulaban con originales cotizados en altos precios, sin embargo la inercia de la “reproductibilidad” era, y lo fue cada vez mejor, un fenómeno social que forzaba al olvido del referente. En el rubro de la publicidad y el mercadeo, tan necesario para la salud de las venas y arterias de las empresas capitalistas (y no capitalistas), se impuso una competencia retórica en la que ya valía poco, si acaso valía algo, la referencia (lo importante es vender, no importa si el producto es útil, genuino, serio… “real”).

La realidad, como producto social, es la realidad en la que el sistema de objetos se mueve al ritmo de una sintaxis formal sin significantes. La pérdida de referencia ontológica es tan usual que nos hemos acostumbrado, pasamos de la seducción al desengaño, de éste al enojo y terminamos en la nostalgia. Hay una melancolía profunda en los cimientos de nuestra generación, tristeza expresiva cuyas formas, paradójicas, son los bellos rostros, las buena ropa, la moda, las risas de programa “familiar” matutino. Alguien podría preguntar ¿qué hay de “real” en una persona así? Pero ¿y qué hay de “real” en una persona que no es así?... No hay patrón ontológico, y los debates éticos y políticos se debilitan en el trance mismo de convencernos de ir tras ellos.

No hay que extrañar al “verdadero hombre”, ni a la “realidad real”, incluso términos “posmodernos” como el de “simulación” o “simulacro” son inapropiados porque dan la sensación de que aún tenemos conciencia de que hay una realidad que se nos escapa, un misterio nouménico que se agranda al ritmo de la aceleración de la información fenoménica.

Hemos llegado al punto en el que, al parecer, nos quedan dos grandes derroteros: a) reconstruir, como sea, como se pueda, al costo civilizatorio necesario, la Referencia de nuestras acciones, emociones, pensamientos…; b) Aceptar la “vacuidad” de las “representaciones” (vacuidad ahora tomada como intrínseca a la realidad misma)

[esta historia continuará...]

18.3.08

Física Cuantica e Información


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13.3.08

Cultura, símbolos y acontecimientos

SENTENCIAS VERTEBRALES DE INTRODUCCIÓN FILOSÓFICA A LA COMUNICACIÓN

  • La realidad es un producto social
  • Los productos sociales sufren ordenaciones simbólicas
  • La realidad es simbólica
  • No hay realidad, para los seres humanos, que no sea el producto de una mediación
  • Las mediaciones son escenarios semánticos
  • Los MSC acaecen en el ámbito de la mediación
  • Los MSC son nódulos ontológicos constitutivos de la realidad
  • Radicalización de la tesis: Los MSC son matrices ontológicas determinantes de la realidad
  • Si esto es cierto, los MSC tienen el poder de generar-simular la realidad
  • Poseemos una nueva ontología, la del simulacro
  • Problemas: ¿hay producción simbólica en el simulacro? ¿Mueren los símbolos en la muerte de los acontencimientos?