26.4.08
Problematizacion acerca de la realidad
Me surgio esta duda, ya que en la comunicacion intrapersonal, el hecho de comunicarme conmigo mismo, y a la vez transmitirme mi propia realidad seria circular, debido a que tengo como persona una sola realidad.
Y al comunicar algo verdadero, ¿estoy ofreciendo alguna verdad?, o solo estoy ofreciendo algo de mi realidad.
21.4.08
18.4.08
Cuerpo y Subjetividad en el Imaginario Estético del Occidente Contemporáneo
Ovidio, “Venus y Adonis”, Las Metamorfosis, X, 9
No es posible pensarnos, en este mundo contemporáneo, en términos corporales como lo hicieron los griegos, hace más de dos mil quinientos años, o los medievales, hace apenas siete centurias. El mundo develado, como construcción de sentido, como emanación subjetiva de una nomenclatura ideológica del imaginario que le constituye, impacta con fuerza centrípeta a la conciencia portadora de un cuerpo.
El sujeto-cuerpo en el mundo puede o no asimilarse como creación, puede o no darse sentido a imagen y semejanza de una conciencia superior, pero no lograra evadirse de la herencia simbólica de antaño. El occidente antiguo y medieval, tanto como el moderno, han contribuido a la construcción ideológica del cuerpo contemporáneo, sin por ello ser lo mismo. Occidente escinde, rebana simbólicamente, al individuo en una comprensión, a veces radicalmente antagónica, dualizada de sí mismo.
La ilusión de algo evidente que en la actualidad tenemos del concepto de cuerpo proviene fundamentalmente de dos aspectos; el primero, la tajante oposición establecida por nuestra tradición occidental entre alma y cuerpo, entre lo espiritual y lo material. El otro, relacionado con lo anterior, es el hecho de que el cuerpo, por entero basado en materia aparece ante nuestros ojos con actitud de objeto positivista, es decir, que ha ido adquiriendo estatuto de asunto científico definido en términos de anatomía y fisiología. (1)
El cuerpo contemporáneo, como en la edad media, se bate en el rechazo y la exaltación, la proximidad y la lejanía, el carnaval y la vigilia, entre lo inmanente y lo trascendente. Hemos heredado una tradición ideológica de inconformidad hacia nuestros cuerpos, ya sea porque son contenedores del alma, del espíritu, o de un imaginario estético. Éste último es el que, a mi parecer, impera en el ideario corporal del mundo contemporáneo.
El sujeto se pelea férreamente con la individualidad, como sujeto portador de una conciencia de ser en sí y para sí , y el desdoblamiento objetivo de esa conciencia. El sujeto en sí se vuelca hacia el mundo a través de emanaciones simbólicas en su cuerpo. Es una ola en el mar que se contrae hacia la profundidad del océano y retorna violentamente para estrellarse en las rocas. La cultura de la estilización de los cuerpos, tanto en su dimensión arquetípica como en su lado hard core, es esa forma que el sujeto contemporáneo ha ideado para exteriorizarse. Es un sujeto que no se sacia en la construcción de sí mismo sino que requiere la mirada del otro, tiene que hacerse visible en una cultura imperiosamente visual.
La dualidad es evidente: yo-sujeto, yo-cuerpo, donde éste es un accesorio moldeable a las condiciones simbólicas del imaginario estético de su entorno social. El hombre contemporáneo es en ratos esquizomorfo, en ratos antifrásico. Es en sí, por sí y para sí, fuera del mundo (yoidad trascendental), pero también retorno, violencia, deseo de unidad (yoidad comunal).
Una mujer latina que se somete a cirugía estética sabe que lo hace para sentirse bien consigo misma (se siente feliz al saberse constructora de su en sí) tanto como por saciar una idealización de sus formas corporales que han de ser reconocidas socialmente: “¡que bonita nariz, tan respingada!”, le dirá su vecina, mas seguramente no le preguntara por qué no mejor se la achato, o mejor aun, por qué no pidió una nariz judía. Para la cultura corporal del occidente del siglo XXI es menester la visibilidad, el símbolo ha de ser visto, pocas veces escuchado, aspirado, y casi nunca sentido o degustado: eh ahí la maraña de este asunto.
(1) (Vernant,Jean-Pierre, “Mortales e inmortales: el cuerpo divino”, en ID, El Individuo, La Muerte y El Amor en la Antigua Grecia, Buenos Aires, Argentina,
Paidos Orígenes, #27, Paidos, 2001, Pág. 15.)
12.4.08
El problema de lo real, primera aproximación según Kiria
Si la realidad depende de un observador, ésta se determina a través del esquema y contenido mental del individuo. Sin embargo, el esquema y contenido del observador, a su vez, están definidos o moldeados por lo que se ha constituido como “lo real”; de tal modo, esta relación es una mutua afectación.
Es decir, la vida –lo cotidiano– es un esquema determinado de realidad delineado por el contexto social-cultural, tal contexto da la pauta de lo que es y cómo es, de esta manera el individuo (educado en este esquema) da forma y constituye su realidad sin que necesariamente de cuenta de los alcances de esta influencia.
Por otro lado, en el entorno mediatizado y por el ritmo vertiginoso en el que pulsa, las ordenaciones acerca de lo real comienzan a romper su molde tradicional: lo que acaece independiente del sujeto. Comienza a tambalearse el sedimento de lo real como lo concreto, lo tangible. Surge, entonces, un nuevo fantasma que comienza a atravesar la pared material de esta “realidad” y se filtra la confusión.
El problema estriba, por un lado, en que este mundo creado o construido se convierte en el “mundo verdadero” o de “certeza” para sus habitantes, se gesta y permanece, aparentemente, como un mundo cerrado, el de las fórmulas probadas y, por tanto, con poca posibilidad de refutación. El estilo de vida, los patrones de moda y de consumo son dictados por toda la información mediática clasificada que impacta a los individuos, que de modo sutil –mediante la saturación y el bombardeo de imágenes manipuladas– los lleva a la construcción inconsciente de un ideario de vida o, mejor dicho, consumidores de un ideal de vida, sin cuestionamiento.
El lugar que han ganado los medios como directriz del pensamiento –en donde los recursos mediáticos saturan y penetran al individuo, y generan nuevos elementos de domesticación– origina, por un lado, una especie de adormecimiento ante su despliegue y por otro, un movimiento de ruptura del monolito de lo real, pues al perderse ciertas líneas que delimitaban el símil de lo simulado, se confunde la representación de lo representado.
Ahora bien, para Durand, el medio cultural es una especificación de ciertos bosquejos del imaginario; el imaginario es movimiento, es creatividad, y la constancia de arquetipos marca la dirección de esta creación; es decir, da dirección de pensamiento y de su posible concreción e inserción en lo que se tiene como realidad. Las formas que tiene el imaginario dentro del individuo siempre son estructuras dicotómicas. Los símbolos se presentan en pares de opuestos que proveen un movimiento perenne.
Por otro lado, el imaginario también es dirigido por las pulsiones subjetivas y asimiladoras de lo real, o por lo que se puede llamar entorno material-social. Esta concepción abre la conciencia de una realidad como una posibilidad de concreción de las infinitas posibilidades del interno, del imaginario, y que se constituye en una fundamental relación entre el pensamiento y el contexto social donde se origina, es decir, tal relación es bidireccional. El contenido del pensamiento está íntimamente ceñido al contexto de realidad social en el que surge y a su vez éste también incide en el sedimento de lo que se tiene por real.
Ante las tesis anteriores, lo que intuyo es que lo que es, lo que se institucionaliza como conocimiento, es un asunto de estudio antropológico, tal como sostiene Durand. Y observo la fundamental necesidad de hacer consciente la participación de cada individuo en lo que se erige como realidad y de la reflexión de cómo incidimos en la realidad comunitaria, y por tanto, la importancia de analizar y escudriñar todo esquema de inserción de pensamientos y las propuestas de mundo que ofrecen.
En otro punto, observo también la posibilidad de ajustar, de innovar y modificar lo que tenemos entendido como existencia, una posibilidad en un abanico tan imaginablemente amplio como se comiencen a destruir las ideas de realidad concreta, con una condición independiente al sujeto, ineludible y definitiva; mientras que esta caída de lo “real” traiga, además, un sujeto que asuma la posición de creador de realidad y pierda sus esquemas densificados de verdad y falsedad, y gire hacia el movimiento creativo.
Retóricas de la realidad
La realidad, como producto social, es la realidad en la que el sistema de objetos se mueve al ritmo de una sintaxis formal sin significantes. La pérdida de referencia ontológica es tan usual que nos hemos acostumbrado, pasamos de la seducción al desengaño, de éste al enojo y terminamos en la nostalgia. Hay una melancolía profunda en los cimientos de nuestra generación, tristeza expresiva cuyas formas, paradójicas, son los bellos rostros, las buena ropa, la moda, las risas de programa “familiar” matutino. Alguien podría preguntar ¿qué hay de “real” en una persona así? Pero ¿y qué hay de “real” en una persona que no es así?... No hay patrón ontológico, y los debates éticos y políticos se debilitan en el trance mismo de convencernos de ir tras ellos.
No hay que extrañar al “verdadero hombre”, ni a la “realidad real”, incluso términos “posmodernos” como el de “simulación” o “simulacro” son inapropiados porque dan la sensación de que aún tenemos conciencia de que hay una realidad que se nos escapa, un misterio nouménico que se agranda al ritmo de la aceleración de la información fenoménica.
Hemos llegado al punto en el que, al parecer, nos quedan dos grandes derroteros: a) reconstruir, como sea, como se pueda, al costo civilizatorio necesario, la Referencia de nuestras acciones, emociones, pensamientos…; b) Aceptar la “vacuidad” de las “representaciones” (vacuidad ahora tomada como intrínseca a la realidad misma)
[esta historia continuará...]

